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Oralidad

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Investigación y Carpeta de Aprendizaje

Investigación y Carpeta de Aprendizaje (e-Portfolio) en la Universidad

Juan Manuel Martín García. UGR

Para sus alumnos del Máster de Formación del Profesorado. En la asignatura de Metodología de las Ciencias Sociales.

La e-Carpeta de aprendizaje es hoy día una de las técnicas más apreciadas en el campo del diagnóstico y de la orientación en educación, en tanto que informa convenientemente sobre las competencias que una persona o grupo de personas puede demostrar, así como la naturaleza y aprovechamiento del proceso de aprendizaje que ha seguido para obtener dichos logros, además de facilitar la conservación de una documentación relacionada con el proceso de aprendizaje que, con el empleo de las TICs, mantiene un potencial de diverso uso en el tiempo. La e-Carpeta de aprendizaje es el conjunto de materiales que el estudiantado realiza a lo largo de una asignatura recogiendo en ella los resultados de su trabajo individual y en equipo, continuo y supervisado, y en cualquier caso como resultado de un particular proceso de aprendizaje a partir de un diseño previo en el que el profesor tiene un papel activo de primer orden. Para esta asignatura, la e-Carpeta de aprendizaje comprende dos actividades, una de trabajo autónomo y otra de trabajo en equipo, cuyo planteamiento particular, así como su desarrollo y demás especificaciones se explican a continuación.

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Investigación y oralidad

Artículos sobre la expresión oral y la investigación en Libro Abierto

Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Universidad de Cádiz

Solo desde la formación, mediante la investigación y la innovación educativas, seremos capaces de traspasar la frontera de la oralidad en el aula y educar para la vida desde la competencia lingüística.

La oportunidad que me ofrece este monográfico, centrado en la oralidad y su importancia en la educación actual, me hace (re)pensar en el factor social de la educación. Somos conscientes de que nuestra labor en la escuela no solo ha de aportar un valor compensatorio para formar y acompañar en este proceso a niñas y niños para desenvolverse libremente en la sociedad, sino que, además, considero que esta debe convertirse en un estilete que contribuya a que sean capaces de transformar la sociedad en un entorno más justo y habitable.

Desde esta reflexión, me surge la idea de compartir aquellos pensamientos, lecturas e investigaciones que han ido aflorando a lo largo de algunos momentos profesionales y vivenciales pero que, por cuestiones de espacio, solo voy a centrarme en dos: uno1, mi concepción sobre la propia oralidad y el uso del lenguaje en la actualidad -tan cuestionado, instrumentalizado o politizado por cuestiones varias y que no entraré a debatir-; y, otr02, las estrategias, a modo de propuestas compartidas, de cómo integrar la oralidad como proyecto de centro (PLC) para que tanto las áreas lingüísticas como las no lingüísticas (ANL) adquieran su protagonismo de manera coordinada y sistémica.

1. El lenguaje en el aula como agente del cambio social

La clase de lengua y literatura, al igual que cualquier otra materia, es una oportunidad para que nos planteemos el reto de la (re)construcción de un modelo social más igualitario y ético en el que interaccionen hombres y mujeres desde su propia identidad. La palabra, sí, ese valor que, al ser objeto de enseñanza, debe convertirse en una clave para la socialización de nuestros jóvenes desde la transversalidad de la competencia lingüística en el currículo y, por ello, desde cualquier asignatura, y en especial el área de lengua y literatura. Como docentes, hemos de contribuir a la utilización del lenguaje como instrumento de comunicación oral e interacción -desde el respeto de nuestras identidades-; pues, gracias al lenguaje, somos capaces de acceder a la representación, interpretación y comprensión de la realidad -que, al descubrir la alteridad, será fuente de enriquecimiento para unas y otros-; de construcción y comunicación del conocimiento  -de manera cooperativa y nunca entendida como una excusa para la desigualdad o la discriminación-; generando, de esta forma, la organización y autorregulación del pensamiento, las emociones y la conducta -bases para el respeto y la cortesía en todos los momentos compartidos en el aula y fuera de ella-. Sin embargo, todas estas ideas no dejan de ser un conjunto de intenciones, a modo de brindis al aire, que solamente se convertirán en una realidad si somos capaces de poner las palabras en acción en el aula.

Sobre la retórica y la persuasión del discurso

Paul Ricoeur en La metáfora viva (1975)

 

 

Sobre la retórica y la  persuasión del discurso

 (La retórica de los sofistas y la retórica de Aristóteles)

Plantearse estas preguntas es decidir que no se pueden tecnificar las artes del discurso sin someterlas a una reflexión filosófica radical que delimite el concepto de lo “persuasivo”.

 

La retórica de Aristóteles abarca tres campos:

  • Una teoría de la argumentación, que constituye su eje principal y que proporciona al mismo tiempo el nudo de su articulación con la lógica demostrativa y con la filosofía. (Las dos terceras partes del tratado).
  • Una teoría de la elocución.
  • Una teoría de la composición del discurso.

Lo que los últimos tratados de retórica nos presentan es, según la feliz expresión de G. Genette, una “retórica restringida”, restringida primero a la teoría de la elocución, y, segundo, a la teoría de los tropos. La historia de los tropos es la historia de una dispersión. Una de las causas de su muerte consiste en que, al reducirse a una de sus partes, la retórica perdió el nexo que a unía a la filosofía a través de la dialéctica, con lo cual se convertía en una disciplina errática y fútil. La retórica murió cuando la afición a clasificar las figuras llegó a suplantar completamente el sentido filosófico que animaba el vasto imperio de la retórica, mantenía unidas sus partes y relacionaba el conjunto con el órganon y la filosofía fundamental.

El sentimiento de esta pérdida irreparable aumenta más cuando se considera que el vasto programa aristotélico representaba por sí mismo, sino una reducción, al menos la racionalización de una disciplina que, en su lugar de origen, Siracusa, se había propuesto regular todos los usos de la palabra pública. Hubo retórica porque hubo elocuencia, elocuencia pública.

La observación es de gran alcance; la palabra fue un arma destinada a influir en el pueblo, ante el tribunal, un arma llamada a dar la victoria en las luchas en que lo decisivo es el discurso. Nietzsche escribe “la elocuencia es republicana”. La antigua definición recibida de los sicilianos –“la retórica es artífice o maestra de persuasión” recuerda que la retórica se añadió como una técnica a la elocuencia natural, pero que esta técnica hunde sus raíces en una demiúrgica espontánea; entre todos los tratados didácticos escritos en Sicilia, y luego en Grecia, cuando Gorgias se estableció en Atenas, la retórica fue la techné que hizo al discurso consciente de sí mismo, y convirtió la persuasión en una meta clara, alcanzable por medio de una estrategia específica.

Antes, pues, de la taxonomía de las figuras existió la gran retórica de Aristóteles; pero antes de esta existió el uso salvaje de la palabra y la ambición por dominar, mediante una técnica especial, su temible poder. La retórica de Aristóteles es ya una disciplina domesticada, sólidamente unida a la filosofía por la teoría de la argumentación, de la que se separó al iniciarse su decadencia. […]

La retórica es sin duda tan antigua como la filosofía; suele decirse que es “invención” de Empédocles. A este respecto, es su más antiguo enemigo y su más antiguo aliado. Su más antiguo enemigo, porque siempre existe el riesgo de que el arte de “bien decir” se exima de la preocupación de “decir la verdad”; la técnica basada en el conocimiento de las causas que engendran los efectos de la persuasión da un poder temible al que la domina perfectamente:  el poder de las palabras sin las cosas y de disponer de los hombres disponiendo de las palabras. Quizá convenga tener en cuenta que la posibilidad de esta escisión acompaña a toda la historia del discurso humano. Antes e degenerar en fútil la retórica fue peligrosa. Por eso la condenaba Platón; para él la retórica es a la justicia -virtud política por excelencia- lo que la sofística es a la legislación. […]

Pero la filosofía nunca fue capaz de destruir la retórica ni de absorberla. Los mismos lugares en los que la retórica despliega sus discurso -el tribunal, la asamblea, los juegos públicos…- son lugares que la filosofía no ha engendrado ni puede intentar suprimir. El discurso filosófico no es más que uno entre otros, y la pretensión de verdad que él posee lo excluye de la esfera del poder. […]

Seguía abierta la posibilidad de delimitar el empleo legítimo de la palabra poderosa, de trazar la línea que separa el uso del abuso, de establecer filosóficamente los vínculos entre la esfera de la validez de la retórica y la esfera dominada por la filosofía. La retórica de Aristóteles constituye al más brillante de las tentativas de institucionalizar la retórica partiendo de la filosofía.

La pregunta que pone en movimiento la investigación es la siguiente: ¿qué es persuadir? ¿en qué se distingue la persuasión de la adulación, de la seducción, de la amenaza, es decir, de las formas más sutiles de la violencia? ¿Qué significa influir mediante el discurso?

Plantearse estas preguntas es decidir que no se pueden tecnificar las artes del discurso sin someterlas a una reflexión filosófica radical que delimite el concepto de lo “persuasivo”.

Ricoeur, La metáfora viva, Madrid, Trotta,1980, pp. 19-21. (Original francés de 1975)